La critíca es, sin duda, un hábito muy destructivo para la persona que lo practica, tanto si lo hace hacia los demás, como si es haci sí misma.
Si estamos acostumbrados a criticar nuestra atención se centra en la parte negativa de lo observado, aquello que observemos lo pasaremos por el tamiz de la negatividad. No tendremos una mirada limpia, lo que nos devolverá una realidad distorsionada. Si hemos acostumbrado a nuestra mente a ver lo que no nos gusta de las personas que nos rodean, lo primero que haremos es buscar aquello que nos disgusta. Cuando yo «me pillo» juzgando a alguien pienso en cómo me comportaría yo si estuviese en sus circunstancias, nunca podemos estar segur@s de cómo reaccionaremos ante desafíos de la vida. ¿Cuántas veces hemos dicho aquello de «si me hubieran dicho que yo iba a hacer esto no lo habría creído»?
Si habitualmente nos centramos en aquello que pensamos que hacemos mal siempre encontraremos una razón para juzgarnos y condenarnos a nosotr@s mism@s. A mi me gusta utilizar el humor cuando siento que algo no lo he hecho bien, bromeo internamente sobre lo sucedido y después trato con cariño a mi niña interior para que no se sienta mal. Realmente no merece la pena ser dur@s con nosotr@s.
Tomar conciencia de dónde estamos enfocando nuestra atención nos dará las pistas para salir de la crítica constante y nos dejará libertad para enfocarnos en las cosas positivas de la vida, de los demás y de nosotr@s. Realmente una gran liberación.