En mi entrada anterior, hablaba de cómo las relaciones nos aportan o nos restan energía. Hoy quiero puntualizar que las mujeres somos las que, en general, más notamos este movimiento energético porque somos más emocionales. Y la emoción, es, en definitiva, la energía en movimiento.
La mujer somos seres emocionales, lo que sentimos queda impregnado en nosotras, impregnando nuestra forma de ser y de estar en este mundo.
Con esto no digo que los hombres no sean emocionales, que por supuesto que si lo son, sólo digo que en general para ellos, las emociones están presentes en sus vidas con algo menos de intensidad y les condicionan menos.
Una de las asignaturas pendientes de las mujeres es aprender a gestionar nuestras emociones para hacerlas nuestras aliadas, no permitiéndoles que nos jueguen a la contra.
Ese aprendizaje pasa por tomar conciencia a quién y cómo regalamos nuestra energía, dónde ponemos nuestra atención y cómo podemos recargarnos.
Si estás en una relación que sientes que estás dando mucho de ti misma y que, al hacerlo, sientes que pierdas tu fuerza, tu ánimo, tu humor, revisa si la persona en cuestión te está transmitiendo, o no, su energía. Es muy propio de las mujeres dar sin pedir nada a cambio ¿es esto justo?, ¿realmente deseamos seguir viviendo de esta forma?, ¿no somos lo suficientemente valiosas para también recibir?
Ser mujer no significa ponernos en último lugar, hemos de aprender a cuidarnos y a mimarnos a nosotras mismas y para ello es necesario una revisión de qué hacemos con nuestra energía. Somos responsables de gestionarla a nuestro favor pues de ello depende nuestra libertad personal.
Emoción, relaciones, mujer, energía… todo va unido.