Una de las causas del sufrimiento humano es nuestra tendencia a encapsular las cosas, e
s decir, tenemos una idea preconcebida de lo que «debe ser» y de lo que «debemos sentir» y lo que no encaja en ella ya lo tachamos como malo.
¿Por qué relacionamos sentirnos tristes con algo malo? La tristeza y la alegría son parte de la vida, si no tuviéramos momentos de tristeza ¿cómo podríamos sentir alegría?, si no tuviéramos desencuentros ¿cómo podríamos tener encuentros?, si no nos desenamorásemos ¿cómo podríamos volver a enamorarnos?, si no durmiésemos ¿cómo podríamos despertar a un nuevo día?… si no muriésemos ¿cómo podríamos nacer?
En definitiva, si no pasasen esas cosas que catalogamos como negativas ¿qué misterio tendría la vida sabiendo que todo lo que nos va a pasar es positivo?
Si fuésemos capaces de liberarnos de nuestra idea de como han de ser las cosas, habría mucho menos sufrimiento en el mundo, pues aceptaríamos las cosas como son en el aquí y en el ahora y nos concederíamos la libertad mental y emocional para cambiarlas en el futuro.
Amar la vida tal y como es, con su arcoíris de emociones, aceptando el aquí y el ahora nos llevará a vivir la vida desde un lugar diferente, aquel en el que tomamos conciencia de que estamos en este mundo para vivir experiencias y que en eso consiste la vida: en su contraste de sensaciones y experiencias vitales.
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